EL CASO SILVIA MERCADO: EL IMPERDONABLE PECADO DE PREGUNTAR SOBRE LOS PERROS DE MILEI

La primera pista se la dio el propio Javier Milei. Era julio del 2023 y el libertario todavía no había ganado las primarias. Silvia Mercado estaba con él en el estudio de LN+, intentando saber opinaba sobre el libro de él que acababa de ser publicado. Pero, contra todo pronóstico, no pudo. Casi se podría decir que no la dejaron hablar. Al día siguiente compartió esta reflexión en su programa de radio. "En la tele te dicen ‘ojo que no se enoje, que Milei no se termine yendo y que perdamos el rating, ojo con las preguntas’. Se ponen muy nerviosos en la producción. Esto no lo vi jamás".

La segunda pista se la dio Patricia Bullrich, con quien Mercado tenía una relación de varias décadas. Cuenta la periodista que en los primeros días de enero se la cruzó en un pasillo de la Casa Rosada. Se acercó hacia ella como lo que eran: viejas conocidas. Pero la ministra de Seguridad no le devolvió el saludo. Ni siquiera abrió la boca. Tenía sentido. En esos días el Presidente la había elegido como la gran enemiga pública del Gobierno. “Es escandalosa la impunidad con la que inventan y operan mentiras algunos periodistas, en especial la mentirosa de ‘la periodista’, la mentirosa serial que se disfraza de periodista”, había dicho sobre ella Milei.

Es que Mercado había tropezado con el pecado máximo que se puede cometer en el planeta libertario: hablar sobre los perros del Presidente. Ella había informado aquellos días que los canes clonados ya se habían mudado a la Quinta de Olivos. Ese dato era incorrecto, lo que provocó una furia de mil demonios del Presidente. Era, de cualquier manera, un pifie menor: primero porque los “hijitos de cuatro patas” terminarían instalándose apenas semanas después en la residencia presidencial y segundo porque una alta fuente del Gobierno le había informado lo que luego Mercado contó al aire. La furia desorbitada del Presidente estaba fuera de lugar.

Y ya no hubo tercer aviso para Mercado, que por si fuera poco se convirtió en la única periodista en preguntarle a un funcionario de gobierno sobre los reiterados plagios del Presidente, algo que hizo en una conferencia de prensa del vocero Adorni. Ayer ella se enteró, cuando fue a entrar a la Casa Rosada, que su acreditación como periodista había sido retirada. La explicación que le dieron para terminar con la rutina que había hecho a diario durante una década fue un dedo que apuntaba hacia las fuerzas del cielo: el despacho de Karina Milei.

Hay un fantasma que une toda esta historia, desde que fracasó en preguntar en el estudio en LN+ hasta ayer. Es, ni más ni menos, que el fantasma de Conan. El libro sobre el cual Mercado intentaba preguntar (“El Loco”, publicado en junio del 2023 por Editorial Planeta) tiene varias aristas, pero hay una que los hermanos Milei no pueden olvidar: la revelación de que el “hijo” del libertario, el que hasta entonces presentaba como el perro que “tiene tantos años que no los puedo contar” o que “parece de tres años aunque tiene diez” llevaba, en verdad, muerto desde el 2017. Y que sus “nietos”, que el libertario presentaba como “los hijos de Conan”, eran en verdad clones hechos en Estados Unidos. Y que Milei está convencido de que Conan le envía mensajes desde el más allá, incluyendo uno de Dios, el que le encomendó “la misión” de ser Presidente, mientras que los clones del fallecido can lo asesoraban en distintos ámbitos de la realidad.

Cuando Mercado informó sobre el paradero de los perros de Milei se metió, sin saberlo, en el medio de este berenjenal. Y, para los hermanos, cuando se cruza esta línea no hay vuelta atrás: o se está con Conan o se está contra él. No hay lugar para grises.

Es una tesis que el Presidente refuerza con un extraño cálculo. “Son cuestiones de índole privada”, le dijo a Mercado en el medio de la catarata de insultos en enero. Es algo que no comparte, por ejemplo, Thomas Jefferson, uno de los próceres de Estados Unidos. “Cuando alguien asume un cargo público debe considerarse a sí mismo propiedad pública", decía. Es una tesis que no sólo vale para los presidentes en general, sino para este caso en particular: que el Presidente diga jugar con cinco perros todas las mañanas a pesar de que tiene sólo cuatro en la Quinta de Olivos está lejos de ser un tema “de índole privada”. Es, de hecho, un asunto de Estado. Que algunos comunicadores propagandistas del libertario pongan tanto énfasis en normalizar lo anormal y que Mercado sea eyectada de la Rosada por animarse a preguntar sobre los perros de Milei lo vuelve a demostrar.

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